Dios quiere
Dos hombres, uno ateo, el otro cristiano, viajaban juntos por las calles de los bajos fondos de una gran ciudad.
El ateo, que era peluquero, dijo: “Si existe un Dios de amor como dice usted, ¿cómo es que permite tanta miseria, suciedad, sufrimiento y violencia entre esta gente? ¿Por qué Dios no los salva de todo esto?”
En ese momento cruzó la calle un vagabundo totalmente desarreglado, sin afeitar, inmundo, el pelo largo cubriéndole el cuello. El cristiano lo señaló y dijo a su compañero: “usted es peluquero, y muy capaz, ¿Por qué permite usted que ese hombre ande así sin afeitarse y sin cortarse el pelo?”
El peluquero lo miró sorprendido por la pregunta y empezó a contestar tartamudeando: “P-p-pero, nunca tuve la oportunidad…”
“Efectivamente,” dijo el cristiano. “Dios está dispuesto a ayudar a cualquiera, pero los hombres son como son porque no quieren acercarse a Él.”
Jesucristo dijo una vez a sus oyentes: “No queréis venir a mí para que tengáis vida…”, Juan 5:40
Aunque Cristo murió por todo el mundo, y la salvación es gratuita (Efesios 2:8), no todos tienen la salvación, porque no vienen a Cristo a pedírsela con un corazón arrepentido. La triste realidad es que el mendigo, el quebrantado de corazón, los huérfanos, las viudas, los inocentes que sufren por guerras injustas, y todos los desvalidos del mundo PUEDEN venir a Cristo, y tener vida eterna y consuelo en Él; el problema es que no le dan la oportunidad.
