Thursday, September 9, 2010

Mantenga lo primero primero

June 26, 2009 by jasonholt  
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Tal vez le sorprenda saber que el matrimonio de Juan Wesley, el fundador del movimiento metodista, con Molly Godlhawk Vazeille, fue un desdichado fracaso.

Algunos dicen que los celos de Molly y su violento temperamento destruyeron el matrimonio, pero no obstante, Wesley no fue meramente pasivo como esposo; el hombre fue absolutamente negligente.

Después de tres noviazgos fracasados en su juventud, al ministro solterón de 47 años le presentaron a Molly. una viuda casi de su misma edad. Después de un cortejo de poco más de dos semanas, se casaron, aunque pocos entendieron por qué.

La primera señal de problema surgió poco después de la boda. Al explicar a sus hermanos metodistas por qué se había casado tan rápido, dijo que el matrimonio era “una cruz que había tomado” a fin de “derribar el prejuicio en cuanto al mundo y a él“. La misma semana asistió a una conferencia, y después salió en una de sus largas giras de predicación. Justificaba sus acciones con las palabras: “Respecto a viajar a extranjero, el predicador metodista que tiene una esposa debe ser como si no la tuviera“. Estos dos sucesos le rompieron el corazón a Molly.

Wesley continuó sus extensos viajes y sus predicaciones. Continuó también asesorando íntimamente a mujeres, a pesar de las súplicas de Molly para que no lo haga. Es extremadamente dudoso que alguna vez haya hecho algo inapropiado, pero la privacidad que mantenía y la respuesta de adoración que a menudo recibía de otras mujeres no se veía apropiada.

Molly intentó acompañarlo en sus giras de predicación, pero él rehusó alterar su hábito viajando a pesar de la lluvia, el frío y malos caminos. Ella trató de quedarse en casa, sólo para sufrir la acusación de que no respaldaba a su esposo como debía. Ella apeló a Carlos, el hermano de él, y a otros hermanos metodistas para que intercedan, pero ellos en su mayor parte se pusieron del lado de Juan, usando contra ella toda clase de epítetos nada lisonjeros.

Un biógrafo caracterizó al matrimonio de veinte y más años como “mayormente nominal y a menudo casi irrelevante; separación frecuente, pero nunca final hasta 1776; perenne resentimiento mutuo“. En una de las muchas ocasiones en que Molly lo dejó, Wesley escribió en su diario: “Por alguna causa que yo no sé, mi esposa se fue a Newcastle, con el propósito de no volver jamás. No eam reliqui; non dimissi; no revocabo” (Yo no la he dejado; no la he despedido; y no voy a pedir que regrese”).

Para cuando murió a los 87 años, Wesley había viajado más de 400 000 km (principalmente a caballo), cruzado el Mar Irlandés 42 veces, y predicado 40 000 sermones. El ritmo y naturaleza de su ministerio nunca aminoró, a pesar de su deber a su cónyuge. Ella le dejó finalmente en 1776, y vivieron separados hasta que ella murió cinco años más tarde. Wesley estaba en Londres cuando oyó que su esposa había muerto dos días atrás.

Wesley a menudo decía que si la señora Wesley hubiera sido una mejor esposa y se hubiera conducido como debería haberlo hecho, él tal vez habría sido infiel a la gran obra que Dios había escogido para él. Extraño pensamiento. Obviamente, Wesley estaba casado con su trabajo primero y consideraba a Molly como una distracción antes que como su dedicada compañera en la vida y en el ministerio.

Esto no es para denigrar a Juan Wesley, sino para ilustrar que incluso el individuo más “maduro espiritualmente” puede permitir que su matrimonio fracase. Todo lo que se requiere son prioridades equivocadas e ignorar las señales de peligro.

(Tomado del libro “Matrimonio: de sobrevivir a prosperar”, de Charles Swindoll, editorial Nelson)

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