Lecciones de la vida de Juan el Bautista
Juan el Bautista es un recordatorio de lo que todo pastor y siervo de Dios debe hacer:
RECORDAR QUE ERES ENVIADO POR DIOS PARA DAR TESTIMONIO (Juan 1.6)
“Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan”
El siervo de Dios es uno que vive consciente de su irresistible vocación divina las 24 horas del día. ¿Quién te ha enviado a ti? No tú mismo, tus líderes, la iglesia, etc. ¿Actúas a la luz del llamamiento? ¿Por qué estás donde estás? ¿Por qué enseñas lo que enseñas, visitas, haces, vives?
RECORDAR QUE NO ES LA META SER RECONOCIDOS AL DAR TESTIMONIO (Juan 3.30)
“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”
Juan era el heraldo del Rey de reyes, y cuando Jesucristo apareció, el Bautista lo contempló y de inmediato se fue tras el telón, desapareció. Cuando Jesucristo comenzó a crecer, Juan comenzó a menguar; cuando Jesucristo comenzó a ser, él empezó a dejar de ser.
Juan no llevó gente tras sí, la llevó ante el Señor Jesucristo. Dios utiliza a hombres y mujeres que dejan de ser para que Cristo sea, le dan toda la gloria y el honor. Nuestro privilegio es que no nos vean, que no nos palpen a nosotros, sino que vean y palpen única y exclusivamente al Señor.
El siervo a quien Dios usa es aquel que deja de ser para que Él sea, que muere para que Él viva, que trabaja, que da, que sirve, sin importar para quién sea el crédito y el reconocimiento.
RECORDAR QUE SÓLO PODEMOS DAR TESTIMONIO POR UN TIEMPO (Juan 5.35)
“El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz”
El siervo de Dios es un hombre tea, un hombre antorcha, que alumbra, se consume, se gasta, ilumina vidas, muestra la senda al desorientado y dice: “Este es el camino, andad por él”.
Pero Juan no sólo alumbraba, sino que ardía, se quemaba, se gastaba, como una vela que se enciende y alumbra, pero que por el hecho de alumbrar se está gastando, se está consumiendo, y termina por extinguirse. Por un poco de tiempo: una vida fugaz y pasajera.
El ministerio de Juan fue un ministerio muy breve pero efectivo, porque el hombre en esos pocos meses o años se realizó plenamente. Misión cumplida. Antorcha que ardía y se consumía.
Dios emplea a un hombre así. La desgracia contemporánea es que la inmensa mayoría quiere alumbrar sin arder, ni quiere arder pero sin gastarse, se aman demasiado como para darse de una buena vez y para siempre en el servicio del Señor.
Mateo 11:11.- “De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista;…”
Por Miguel Murillo
